(Serie, Prostitutas y burdeles)
El olor es intenso, como las calles húmedas de Cali, olor a semen y fluidos un tanto embriagadores, pero no tanto, con la mirada ausente, perdida, melancólica y fugitiva de una señora que podría ser mi abuela.
En el burdel, bailan muchas mujeres y ríen, una risa entre dicha, a carcajadas se ríen, como si se burlasen de sus propias vidas, los cerdos, malolientes, camioneros, carniceros, destilan su arrechera de tal forma que me dan ganas de vomitar.
Justamente condenso mi atención despiadadamente en dos mujeres, una un tanto vieja y la otra joven, como madre e hija.
Las dos conversan sin dejar de mirar su alrededor, estando siempre disponible a cualquier cretino que se las quiera follar.
Mientras tomé un par de cervezas, observé cada rincón de aquel lugar, cada señal emitida por cada uno de los habitantes de ese lugar.
Se acercó una chica preguntando que si se me apetecía un baile, pero no era lo que yo deseaba.
Sus pupilas escondidas y mis deseos de dibujarla, me llevaron a preguntar si estaba disponible por treinta minutos, dijo sí, como quien se lleva una sorpresa.
Al entrar al cuarto, me preguntó que quería. Yo le contesté, desnúdate y te abalanzas en la cama, acostada en el catre, como esperando, le dije que la iba a dibujar, ella consternada y un tanto extasiada, me dijo que por su puesto.
Empecé a dibujarla mientras ella incomoda me miraba, me observaba como si quisiera olvidar un poco el ambiente, un tanto agotada cayó dormida, en el sueño más preciado, Soñaba como jugaba con su hermana.
Al terminar salí, y la deje dormida. La despertó un cerdo, cruelmente metiéndole la polla por el culo, ella gritó, un clamor de dolor, no físico, un suplicio del alma, algo que ya no podía detener.
lunes, 8 de julio de 2013
Mari Luz
(Serie, Prostitutas y burdeles)
Mari Luz de pierna cruzada, mira y mira para cada esquina, observando que irá a caer; Juan Fernando con ganas de un polvo ligero sale con el tiempo contado, !media hora¡. La hora del almuerzo que se torna justamente para una follada.
Al salir de su oficina, no piensa en otra cosa que la niña que vio ayer en la 16, sentada, íntimamente solitaria, melancólica; sus gestos se confunden con la piel tersa que se esconde y se vende a tan buen precio, treinta mil, y una buena mamada a diez mil, Fernando no discute semejante oferta,, pensando en el vídeo porno de su amiga Yadira, la chupa pijas, espera que sea similar, y que por lo menos la pija se ponga erecta. El divagando mientras, en sus mas retorcidos y asquerosos deseos, accede a comprar el servicio.
Mari luz por lo tanto en el vaivén de su oficio, casi desmayada, cae, pálida, inerte, muerta. Él corriendo del sitio llega a su oficina donde tiene el orgasmo justamente delante del portero. Una jornada exhausta.
Mari Luz de pierna cruzada, mira y mira para cada esquina, observando que irá a caer; Juan Fernando con ganas de un polvo ligero sale con el tiempo contado, !media hora¡. La hora del almuerzo que se torna justamente para una follada.
Al salir de su oficina, no piensa en otra cosa que la niña que vio ayer en la 16, sentada, íntimamente solitaria, melancólica; sus gestos se confunden con la piel tersa que se esconde y se vende a tan buen precio, treinta mil, y una buena mamada a diez mil, Fernando no discute semejante oferta,, pensando en el vídeo porno de su amiga Yadira, la chupa pijas, espera que sea similar, y que por lo menos la pija se ponga erecta. El divagando mientras, en sus mas retorcidos y asquerosos deseos, accede a comprar el servicio.
Mari luz por lo tanto en el vaivén de su oficio, casi desmayada, cae, pálida, inerte, muerta. Él corriendo del sitio llega a su oficina donde tiene el orgasmo justamente delante del portero. Una jornada exhausta.
miércoles, 10 de abril de 2013
Esquizofrenia
Prohibidas las llamadas, canceladas las palabras, coqueteos de miradas y en la parada encuentro una mujer agotada.
Enciendo un cigarro, no la dejaba de observar, ella se percata de mi interés, y se dirige hacia mí, sonríe, me pide un cigarro; empezamos a coquetear, minutos antes me fijaba solo en su mirada, me atrapó de una forma foránea, pero empiezo a descubrir sus hermosos atributos, sus labios me hipnotizaban cuando vocalizaba, mientras sus labios carnosos, se agitaban los imaginaba húmedos en mis pezones.
La conversación se tornaba más interesante, algo envolvente nos iba atrapando cada vez más.
Me contaba que bailaba
danza contemporánea; hablamos sin parar, como por media hora.
Nos gustamos tanto; me invitó un café cerca de la parada, pensé que sería ideal una dosis de cafeína, pensé que sería ideal una sobredosis de aquella mujercilla.
Llegamos al café, y optamos por vino, nos desinhibimos, pedimos unas copas, fumamos, ella saco una papeleta de cocaína, aspiro su todo, su nada, volvió a sugerir otra copa, la acepte.
Sonaba un blues de Menphis Slim, lo cantamos, la amé. Sentí la necesidad de besarle, quería acariciarla.
Nos miramos fijamente, se fue acercando lentamente, no sé qué sentía, nervios, ansiedad.
Solo quería introducir mi lengua en su boca húmeda, pasar mis dedos por sus piernas largas.
Era delgada y pecosa, sus senos redondos hacían desear que los escalara.
Nos dimos un beso de flor, de muertos y alcohol.
El mesero se acercó diciendo, ¡ya vamos a cerrar!
Miré mi alrededor y me di cuenta que estaba completamente sola.
La semana siguiente, apareció de nuevo.
Nos gustamos tanto; me invitó un café cerca de la parada, pensé que sería ideal una dosis de cafeína, pensé que sería ideal una sobredosis de aquella mujercilla.
Llegamos al café, y optamos por vino, nos desinhibimos, pedimos unas copas, fumamos, ella saco una papeleta de cocaína, aspiro su todo, su nada, volvió a sugerir otra copa, la acepte.
Sonaba un blues de Menphis Slim, lo cantamos, la amé. Sentí la necesidad de besarle, quería acariciarla.
Nos miramos fijamente, se fue acercando lentamente, no sé qué sentía, nervios, ansiedad.
Solo quería introducir mi lengua en su boca húmeda, pasar mis dedos por sus piernas largas.
Era delgada y pecosa, sus senos redondos hacían desear que los escalara.
Nos dimos un beso de flor, de muertos y alcohol.
El mesero se acercó diciendo, ¡ya vamos a cerrar!
Miré mi alrededor y me di cuenta que estaba completamente sola.
La semana siguiente, apareció de nuevo.
lunes, 14 de enero de 2013
Un café con doña Flor.
Me sintonizaba en aquella noche de lluvia implacable,
deseaba sentir los besos de aquellas gotas en mi piel, recobrar el valor de
emboscarte otra vez.
Sujetando tus cabellos, aferrando mi cadera como una soldadura entre los dos, estallando en contracciones, riendo y gritando.
Me entusiasmaba observar a Simón y Natalia en la escalera, ver manos invadiendo las partes aguadas, buceando en la flor mojada.
A ellos les gustaba que yo los mirara.
doña Flor la abuela de Simón, sospechaba desde su alcoba lo que cometían en el último escalón.
Yo me preguntaba si esa vieja gorda y repugnante sentía deseo, ¡deseo sexual¡ mis pensamientos se congelaron al entrar a su cuarto y ver como doña Flor, succionaba el pene al cerdo de su marido, dejé la puerta entre abierta para observar la reacción de aquel señor, y solo gemía con débil voz, por un momento pensé que el aparato que tenía en sus manos se le iba a deslizar, y no tardó mucho en que mis predicciones se hicieran realidad.
Sujetando tus cabellos, aferrando mi cadera como una soldadura entre los dos, estallando en contracciones, riendo y gritando.
Me entusiasmaba observar a Simón y Natalia en la escalera, ver manos invadiendo las partes aguadas, buceando en la flor mojada.
A ellos les gustaba que yo los mirara.
doña Flor la abuela de Simón, sospechaba desde su alcoba lo que cometían en el último escalón.
Yo me preguntaba si esa vieja gorda y repugnante sentía deseo, ¡deseo sexual¡ mis pensamientos se congelaron al entrar a su cuarto y ver como doña Flor, succionaba el pene al cerdo de su marido, dejé la puerta entre abierta para observar la reacción de aquel señor, y solo gemía con débil voz, por un momento pensé que el aparato que tenía en sus manos se le iba a deslizar, y no tardó mucho en que mis predicciones se hicieran realidad.
Sentí ganas de vomitar, yo hubiera preferido tener la
imagen antes vista de su nieto, y su bella amante.
Empecé a descubrir que la cerda de doña Flor espiaba a su
nieto desnuda para acariciarse, por que no siempre su marido se dejaba agarrar.
El lunes pasado sentí contracciones en mi cama, me imaginaba a Simón cabalgándome y disfrutaba su pene erecto. Solo fantaseaba; doña Flor hoy me invitó un café, reaccioné de forma que le pareciera sorprendida, pero por dentro yo estaba consternada y me pregunté ¿ahora que querrá esta vieja hijueputa?
El lunes pasado sentí contracciones en mi cama, me imaginaba a Simón cabalgándome y disfrutaba su pene erecto. Solo fantaseaba; doña Flor hoy me invitó un café, reaccioné de forma que le pareciera sorprendida, pero por dentro yo estaba consternada y me pregunté ¿ahora que querrá esta vieja hijueputa?
Nos sentamos a tomarnos el café y empezó a mirarme de una
forma extraña, como si tratara de descubrir lo que pensaba.
Rompí el silencio y le pregunté, ¿doña Flor, es usted
feliz?
Ella hizo una sonrisa, yo no más vi como como su caja se movió lentamente.
Contestó, he decidido con el tiempo hacer mi vida llevadera.
Ella hizo una sonrisa, yo no más vi como como su caja se movió lentamente.
Contestó, he decidido con el tiempo hacer mi vida llevadera.
Soló con los años
lo entenderás, en ese momento la miré justamente a sus ojos y vi toda su
experiencia, como si hubiese visto a
través de su mirada, todo, debajo de tantas arrugas y parpados caídos; ¡Qué
momento más extraño y humano¡. Y constaté
que la vida está llena de momentos como este.
Volví a pensar en mi vida, pero preferí dormir.
lunes, 16 de julio de 2012
Mujer Asesina
Su cuerpo estremecido por el dolor se crispo al morir, los últimos versos fueron estos: Valiente, valiente tú mujer que me asesinaras, la acompañó el suspiro mortuorio, su heroína cambiaba.
Solo es de seres extraordinarios los que se deciden a combatir con la vida; los que se atreven, cuando yacía ya muerta su heroína permanecía estática, excitada, aquel fallecimiento le dio vida a su vida, como un estallido de explosiones emocionales, levito suavemente hasta caer la noche, caminaba, caminó por mil años como un espectro, aún sigue caminando entre nosotros.
Solo es de seres extraordinarios los que se deciden a combatir con la vida; los que se atreven, cuando yacía ya muerta su heroína permanecía estática, excitada, aquel fallecimiento le dio vida a su vida, como un estallido de explosiones emocionales, levito suavemente hasta caer la noche, caminaba, caminó por mil años como un espectro, aún sigue caminando entre nosotros.
viernes, 25 de mayo de 2012
Escupitajos en el restaurante.
Domingo en la mañana, me despierto medio atontada queriendo fundirme en las cobijas; suena la canción de la alarma, big city nights.
El restaurante es habitado por muebles del siglo pasado, las copas están llenas y yo no se de que lado van los cubiertos.
Todo el mundo empieza acomodar los preparativos para el domingo de la madre. Ese día me siento consternada, como si no me hubiera levantado nunca de mi cama, como si estuviera durmiendo aun, en un sueño.
Llega el medio día, la gente empieza a llenar las reservas, mi primera mesa son un par de señores, una mujer delgada, y por lo visto con la menopausia y un señor gordo, asqueroso, con lentes como de cincuenta mil de aumento, casi que me pierdo en sus gafas, están acompañados de una anciana horrendamente desagradable con sonrisa mueca.
Les doy la bienvenida un tanto hipócrita, hacen su pedido, un lomo viche en salsa de lulo, café y un pollo a la parmesana; voy a la cocina, el Chef dice, se demora cuarenta minutos. Eso me da tiempo de seguir poniendo los malditos globos rojos.
No hablo en toda la tarde con nadie, sólo existen las personas que llegan almorzar.
¡sale el primer almuerzo! llevo el pedido a los tres cerdos de la primera mesa, sirvo por la derecha, ¡me parece una mierda! me imagino por un segundo, tirarles el almuerzo en las caras, pero me sonrío como una maldita loca y les digo buen provecho, me retiro y la vieja puta menopaúsica me dice que le faltó el acompañante, voy directamente donde el Chef y le digo, él me mira mal, como coqueteándome, dentro de mí digo ¡gas! me da el maldito acompañante, un puré de papá con una salsa amarilla, voy directamente a llevarlo, llegando a la mesa me devuelvo y lo escupo, faltaba el toque final, y así empieza mi sabotaje aquel día de las madres.
Seguí sintiendo la misma sensación como si estuviera aún en mi cama, pasé media tarde haciendo lo mismo del escupitajo; me reía mucho ver a la gente comiendo su lomo viche ensangrentado, con el escupitajo ahí.
Ya pasaban las horas y yo sólo escuchaba el piano que sonaba en el salón principal, serví, llevé, entregué, regué, solté, chorrié, escupí; me tomé todos los sobrados de los whiskey en la barra, o servía tragos y los anotaba a las mesas que más pedían tragos.
Eran como las cinco de la tarde, entré al cuarto de la bodega, busqué las cucharas que me mandaron a traer, yo me tenía que encargar de lavarlas. Y dije !claro yo lo hago¡. Me coloque los guantes y las metí en el sanitario, después las dejé en su sitio de nuevo.
Salgo, veo las caras de las personas que comen y veo fantasmas, en ese momento pienso que necesitan más que escupitajos, necesitan algo real.
Vuelvo a la bodega y busco unas servilletas, atrás veo un envase de cianuro, me digo, ¿qué demonios? Mínimo es utilizado por el dueño del restaurante en su taller de joyería, el cianuro lo utilizan para la recuperación de oro.
En ese momento desperté de aquel sueño retardado en el que me encontraba, compuse ideas extraordinarias en mi mente, descargué aquel odio y amor que sentía por aquellos zoquetes que se encontraban ahí divagando; brilló mi mente más que el fuego que emanaba aquella estufa con sus calamares incendiados, mi día siguió de otra forma, ya entendía las revelaciones que se presentaban ante mi, soy dios y demonio un abraxas, tomé el envase y lo metí en mi delantal.
Pensé por más de media hora en lo que debería hacer con dicho químico; empecé a jugar a la suerte. Comencé con los tragos fuertes, en la barra, antes de llevar los vasos echaba una gota por cada vaso, cogí la botella de whiskey y la llevé a la mesa, serví los primeros tragos... Me llamaron para recoger los platos de otra mesa que ya habían terminado, de vez en cuando intercambiaba miradas con el mesero, él me miraba como vigilando cada uno de mis pasos, me sentía observada; pero no tenía de que preocuparme, supuse que simplemente me miraba por que le atraía, como a muchos imbéciles.
Hice caso omiso , y seguí con mi experimento que desafiaba al azar, de un momento a otro se lleno como fila de judíos para poder comer, atendí muchas mesas, llegó mucha gente, no tuve tiempo de ir a mirar a los de los whiskey, me imaginaba que sí ya lo habían tomado, estarían como par de cerdos tirados encima de la mesa, me acerqué para mirar, y estaban ahí, tendidos cagados de la risa ¡no sé por qué! maldije mil veces y me pregunté ¿qué hice mal?, ¿será que me pillaron? ¡malditos cabrones!, seguí como si nada, no podía mostrarme inquieta, recogí mas platos de mil coños y me comporté como si nada.
Mi cinismo apestaba, a la vez me sentía orgullosa, pero no dejaba de pensar en los malditos que estaban el la mesa todavía hablando. Como a las 9 de la noche después de tanto trajín miré a mi alrededor y las personas que quedaron estaban como las del principio del día, como fantasmas. Tomé whiskeys desechados , uno tras otro, seguí observando a la muchedumbre y cada vez estaban más deshabitados, y yo más trastornada, y caí. Sentí un vacío profundo, caí, caí en el deseo de mis intenciones, en lo mas bajo de mis emociones, vibre en el dédalo exquisito del que alguna vez huí, morí.
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